A pesar de las muchas lagunas al respecto -pues cada vez es más difícil saber qué es lo que concretamente se activó hace doscientos años-, llegamos por fin al año del Bicentenario por antonomasia, el 2010. Un año que remata las actividades de comisiones de celebración o conmemoración que, a ambos lados del Atlántico, se han organizado con diversidad de programas e intereses.
En este Debate de Plaza de Armas -con el que de hecho damos inicio a nuestra Segunda Temporada-, intentamos desbordar el contexto de las celebraciones oficiales, para tratar de situar las cosas en una perspectiva filosófica a cuya luz nos sea posible apreciar una de las claves maestras del bicentenario visto como problema filosófico: esa clave es la trabazón orgánica, dialéctica, entre la historia de España y la historia de América; un engarzamiento en virtud del cual -y decimos esto sin perjuicio de que se lleven ya dos siglos de vida independiente en términos políticos, y más allá de la ya común retórica de las afinidades culturales-, no deja de ser patente el hecho de que "el problema" americano es ininteligible, en el límite, al márgen de "el problema" de España.
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