La cuestión mexicana y el problema americano: el Partido Revolucionario Institucional

El debate nº 50, con Socorro Díaz, Manuel Bartlett y Rafael Morales, presentados por Ismael Carvallo.
 

Dice Enrique Ramírez y Ramírez, en texto de 1976, que una de las singularidades históricas fundamentales del Partido Revolucionario Institucional mexicano es que no nace de la lucha por el poder, sino que nace del poder mismo, es decir, del "poder revolucionario para extender su brazo entre las masas del pueblo y conquistar un apoyo popular para la realización de una política que estaba ordenada por la Constitución de la República, de origen indiscutiblemente revolucionario." Se trata, añade Ramírez y Ramírez, de un partido originado en y desde el Estado.

Eso dijo Ramírez y Ramírez en 1976, en efecto, tratando de insertar en un cuadro histórico de larga duración las claves y determinaciones de una de las formaciones ideológico políticas más complejas de la historia americana, el PRI, partido político que, a diferencia de muchos otros proyectos de largo aliento en el continente, como pudo haberlo sido el APRA peruano o los correspondientes partidos comunistas, hubo de desplegar sus estructuras políticas e ideológicas a la misma escala y compás de la propia dialéctica de conformación del Estado mexicano contemporáneo. Para bien o para mal, el México de hoy encuentra buena parte de sus claves -aunque no todas- en lo que de ese partido ha habido y queda aún. Pero ¿qué es en definitiva lo que de ese proyecto explicado por Ramírez y Ramírez queda aún hoy en día?


Plaza de armaslas evocaciones requeridas   el debate   intervienen

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