1910, 1914, 1917, 1929 o 1938 son años en los que de inmediato se piensa cuando de la Revolución mexicana se habla. Se trata de años emblemáticos en virtud del hecho de que a la distancia se nos aparecen como nudos históricos en los que una decisión fundamental, un acontecimiento trepidante o un estallamiento social o político relevante iluminan el escenario de tan señalado período de la historia. ¿Qué es entonces lo que hace de 1925 un año decisivo?
Al esclarecimiento de ello se consagra el libro de Víctor Díaz Arciniega, Querella por la cultura "revolucionaria" (1925), re-editado recientemente por el Fondo de Cultura Económica en la ciudad de México.
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